Madre guatemalteca deportada toma santuario en iglesia de Connecticut

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“En lugar de ir al aeropuerto me fui a la iglesia”, dijo la madre de cuatro, uno de ellos con parálisis cerebral.

UEVA YORK — La guatemalteca Nury Chavarría se negó hoy a cumplir con una orden de las autoridades de Inmigración que le colocaría en un avión de regreso a su país, de donde salió hace 24 años, y se refugió en una iglesia santuario en Connecticut, donde ha vivido con sus hijos.

“He llorado mucho pero ya estoy más tranquila. Fue la mejor decisión que pude tomar (refugiarse en la iglesia). No tenía nada planeado al día de hoy”, dijo Chavarría en entrevista telefónica desde la iglesia donde se refugió.

“Estaré aquí hasta que Dios quiera y esperando que las cosas cambien, no sólo por mi vida sino la de mucha gente que están siendo deportadas injustamente”, afirmó Chavarría, que ha trabajado limpiando casas y ha pagado sus impuestos.

De acuerdo con la guatemalteca, cuando debía dirigirse al aeropuerto Newark Liberty, en Nueva Jersey, para abordar el avión de retorno a su país, le ofrecieron la alternativa de permanecer en la iglesia.

“En lugar de ir al aeropuerto me fui a la iglesia”, señaló la mujer, que llegó allí con su hija de 9 años. Chavarría, que emigró desde Jutiapa en 1993, dijo estar preocupada por sus hijos, de 21, 18, 15 y 9 años, en particular por el mayor, con parálisis cerebral.

“No tengo a nadie que se haga cargo de mi hijo. A su padre lo deportaron cuando tenía dos años”, indicó y explicó que pese a que su padre y hermanos viven en Connecticut, tienen sus propias familias “y aquí (en EEUU) la vida es muy difícil”.

A la guatemalteca, de 43 años y sin historial criminal, se le negó el asilo político que solicitó tras llegar a EEUU y en 1999 un juez de Inmigración le dio la oportunidad de salir voluntariamente del país, lo cual no hizo.

En 2010 agentes de Inmigración se presentaron a su hogar y solicitó una visa humanitaria por la condición de su hijo mayor, que le fue negada, pero desde entonces pedía una extensión de un año para permanecer en el país que le era aprobada.

En 2015 Inmigración le dijo que su caso no era prioridad, como había ocurrido con muchos otros inmigrantes antes de que la Administración de Donald Trump tomara las riendas del país el pasado enero.

Según el presidente Trump, la prioridad serían inmigrantes con récord delictivo.

Sin embargo, el pasado junio a Chavarría se le notificó que en cinco semanas tendría que dejar este país, donde quedarían sus hijos, y se le colocó un brazalete electrónico en el tobillo para mantenerla vigilada.

“Eso fue muy duro para mí, no lo podía creer, lloré mucho y también mi hija Hayley (9 años) que estaba conmigo. Me dieron una cita para verificar el brazalete. Volví a solicitar la extensión de un año y me la negaron”, dijo.

Además agregó que desde junio acudió a varias citas con Inmigración hasta que le dieron la fecha para la deportación.

Chavarría, que residía en Norwalk, Connecticut, debía acudir hoy al aeropuerto en Nueva Jersey para abordar el vuelo de regreso a su país natal cuando optó por desafiar esa orden.

“Recibimos una solicitud para dar apoyo y refugio a Nury. Hemos tomado la decisión de abrir las puertas de nuestro templo para servirle como iglesia santuario”, dijo hoy el reverendo Héctor Luis Otero, durante una conferencia de prensa frente a la iglesia en New Haven, Connecticut donde desde hoy vivirá la inmigrante.

“Esperamos que este caso se pueda resolver lo más pronto posible de manera que pueda cumplir con las obligaciones que le ha impuesto la vida como madre. Apelo a los que manejan este caso para que comprendan los méritos del mismo”, agregó el religioso.

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